Judíos viviendo en Hebron, NO son Colonos.

Hebrón, ubicada a 32 kilómetros al sur de Jerusalén, en las montañas de Judea, es una de las ciudades más antiguas del mundo y la segunda de las cuatro más sagradas para el judaísmo. Precedida por la capital Jerusalén, le siguen en importancia Tiberíades y Safed.

En la Biblia se menciona al reino de Hebrón en el siglo XVIII A.C. y se afirma que antes de ser conquistada por los israelitas después del 1300 A. C. se la llamaba Kiryat Arba.

El texto sagrado, registra minuciosamente la primera adquisición de tierras de la que se tenga noticia. El capítulo 23 del Génesis relata que el patriarca Abraham, el primer monoteísta, cuando fallece su esposa Sara, decide adquirir al hitita Efrón a un costo dispendioso, la cueva de Majpelá para sepultarla y asimismo para que ese lugar en Hebrón, fuese su propia y definitiva morada. Allí reposan, también, sus descendientes directos, Isaac y Rebeca y Yacob (Israel) y Lea.

El Rey David estableció Hebrón como su primera ciudad capital. Allí, él “reinó sobre Judea por siete años y seis meses, y en Jerusalén reinó treinta y tres años sobre Israel y Judea” (2 Samuel 5:5). En Hebrón, su hijo Absalom elevó el nivel de rebelión (2 Samuel.5 y 15). Yoham, el Rey de Hebrón, fue asesinado por Josué en la batalla de Ayalon durante la conquista de Canaán (Josué 10:3).

Estas sucintas referencias, demuestran inequívoca y taxativamente el ancestral carácter judío de Hebrón.

El historiador Paul Johnson considera a Hebrón un paradigma de la obstinación judía a lo largo de cuatro mil años.

“Ningún pueblo ha mantenido durante tanto tiempo un vínculo tan emotivo con un determinado rincón del planeta”.

Ese conmovedor apego histórico-religioso no fue convalido por el Gobierno de Israel. El 17 de enero de 1997 se suscribió el Protocolo concerniente a la retirada de Hebrón que fue firmado por el terrorista Yasser Arafat y el entonces primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. Fue la primera vez que el Likud apoyó la retirada de los territorios de Cisjordania, (también conocida como Judea y Samaria) asumiendo la posición que sustentaba exclusivamente el Partido Laborista.

A raíz de la evacuación de los colonos de la Casa de Hebrón, se suscitaron algunos repudiables episodios de violencia, por parte de estos hacia algunos árabes de la ciudad. La exasperación por la política del Gobierno de Israel no justifica hechos de vandalismo, ajenos a la esencia del pueblo judío. En una desafortunada declaración, el jaqueado por la Justicia y cada vez más desprestigiado Primer Ministro Ehud Olmert, calificó banalmente a los sucesos como pogromos.

No puede desconocer Olmert que un pogromo o pogrom (del ruso ïîãðîì, pogrom) consiste en el linchamiento multitudinario, espontáneo o premeditado, de un grupo particular, étnico, religioso u otro, acompañado de la destrucción o el expolio de sus bienes, casas, tiendas, centros religiosos, etcétera. El término ha sido históricamente usado para denotar actos de violencia indiscriminada, contra los judíos.

Precisamente en Hebrón, el 23 de agosto de 1929 se inició un pogromo durante el Mandato Británico de Palestina, perpetrado por una masa de árabes armados de bastones y cuchillos que se agruparon para asesinar a los judíos de Jerusalén y sus alrededores, para desde allí, extenderse al resto del territorio.

Un día antes de la matanza, el líder palestino y Gran Mufti de Jerusalén, Amin Al-Husayni incitó abiertamente a los árabes de Palestina a salir a matar judíos, lo que efectivamente sucedió después de la plegaria de los viernes.

Hebrón fue el epicentro de los hechos de mayor gravedad. Mientras la comunidad judía integrada por alrededor de 800 familias que convivían pacíficamente junto a miles de vecinos árabes, descansaba en el shabat, 67 miembros de la grey, fueron asesinados brutalmente dentro de sus casas y sinagogas. Hebrón se convirtió en una ciudad de violaciones, terror y asesinatos. Vejaciones de toda índole precipitaron la huída despavorida de la población judía, lo que constituyó un hecho calificado, de limpieza étnica. 

Como consecuencia de lo que pasó a denominarse la Masacre de Hebrón, los sobrevivientes se vieron obligados a huir y sus bienes fueron confiscados y ocupados por los residentes árabes hasta la Guerra de los Seis Días.

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