El Domo de la Roca un plagio de la arquitectura Bizantina.

El segundo califa, Omar Ibn-al-Khatab (634-544), tras cercar Jerusalén y capitular su patriarca Sofronio en el año 638 erige un pequeño santuario de madera en torno a la “roca del sacrificio de Abraham” en el Monte Moria. Para judíos y cristianos es el lugar en el que Abraham iba a sacrificar a su hijo Isaac por mandato divino, siendo reemplazado finalmente por un cordero; para los musulmanes en cambio quien iba a ser sacrificado no era Isaac sino Ismael, el hijo que la esclava Agar concibiera de Abraham, y del cual derivan los ismaelitas o agarenos, esto es, los árabes (sarracenos= alejados de Sara, la esposa bíblica de Abraham).
Posteriormente el califa omeya Abd-al-Malik decide construir un edificio de primer orden que fuera la envidia de la cristiandad y del judaísmo, el Domo de la Roca, conocido en el Islam comoQubbat al-Sakra (“Cúpula de la Roca”), que se concluye hacia el 691-692. El Islam todavía no ha tenido tiempo de configurar su propio estilo artístico y adolece de falta de maestros de obras, canteros avezados, artesanos del mosaico, etc… Así que recurre a expertos bizantinos para tal obra, los cuales alzan el Domo de la Roca siguiendo modelos totalmente bizantinos en su planta y alzado, así como en la decoración.

Oleg Grabar estima que el modelo arquitectónico que tuvo presente el califa fue, ante todo, el Santo Sepulcro, “Omphalos” (Centro del Mundo) de la Cristiandad.

André Grabar en su libro “La iconoclastia bizantina” (1957) dice: “Este célebre edificio tiene un carácter particular, que lo distingue de las demás mezquitas omeyas y, por el contrario, lo acerca más a los santuarios cristianos de Jerusalén y de Tierra Santa. En efecto, se trata de un edificio con forma octogonal levantado en el emplazamiento de un `lugar santo, el peñón de Abraham. La arquitectura es su estípite monumental: un deambulatorio acodado enmarca el peñón, mientras que una cúpula lo domina como un ciborio. En este monumento todo evoca la tradición cristiana de Palestina: en primer lugar, la idea, porque nada es más típico de la Palestina cristiana que las ‘memoriae´ conmemorativas de `lugares santos, que resguardaban; después la forma, puesto que los edificios-relicarios en los ´lugares santos´ eran a veces construcciones de planta central y, sobre todo, polígonos”.

Se ha intentado explicar el motivo de la construcción de un monumento como Qubbat al-Sakra por la necesidad político-económica-religiosa que tenía Abd al-Malik en aquellos momentos de eclipsar a La Meca, donde su autoridad estaba siendo puesta en entredicho por el anticalifa Abdallah Ibn Zubair, ofreciendo así como meta de peregrinación islámica este nuevo enclave, apartando a los musulmanes así del peregrinaje a la Kaaba que estaba en manos del anticalifa. Pero lo cierto es que siguieron realizándose peregrinaciones a la Kaaba.

Igualmente se ha afirmado que se construyó para conmemorar la Ascensión (mi`raj) del Profeta (Muhammad) por los diversos Cielos hasta muy cerca de la Faz de Allah, pues se consideraba que fue desde el peñasco cultual del Domo de La Roca desde donde “ascendió” Muhammad, por lo que Qubbat al-Sakra era una especie de martyrium, un edificio cultual conmemorativo de una hierofanía-teofanía. Además la arquitectura del Domo de la Roca sigue claramente modelos martiriales cristianos (aparte de coincidir sus medidas modulares geométricas, como puede leerse en Soriaymas). Pero no está nada claro que “el lugar de veneración más lejano” (mashid al-aqsa) coránico al que fue Muhammad en su Viaje Nocturno para experimentar la Ascensión fuese Jerusalén, y más concretamente el peñasco cultual del monte Moria. Así, por ejemplo, Bujari y Taburi consideran que hay otros posibles enclaves.

La inscripción árabe de 240 metros de longitud de larga contemporánea de la construcción del Domo de la Roca parece apoyar las tesis de quienes, como Oleg Grabar, afirman que tiene una función totalmente propagandística del Islam, como la totalidad del edificio: “Tiene un doble significado. Por un lado tiene un carácter misionero; es una invitación bastante insistente  a someterse a la nueva y definitiva fe, que acepta a Jesús y a los profetas hebreos entre sus precursores. Al mismo tiempo es una afirmación de la superioridad y fuerza de la nueva fe y del estado basado en ella”.

Así que Oleg Grabar, a partir de estas conclusiones y otras que no ha lugar citarlas aquí, considera que La Roca, en el propósito del califa Abd al-Malik, más que para los musulmanes estaba construida para tomar posesión simbólica del monte Moria y como monumento abierto a judíos y cristianos para “acoquinarles”. “El único aspecto puramente islámico, las inscripciones, estaban en su mayor parte en lugares donde apenas eran visibles. Porque, dejando aparte las asociaciones musulmanas que aparecen en la creación de la Cúpula de la Roca, el objetivo principal del edificio era el de ser un monumento para no-musulmanes. Con todas las ramificaciones de su simbolismo, era un edificio inmanente que estaba al servicio de unas necesidades contemporáneas concretas, de las cuales la más importante era demostrar a la población cristiana (especialmente a la iglesia ortodoxa) que aún pensaba a menudo que el dominio musulmán era un contratiempo temporal, que el Islam había llegado para quedarse”, afirma Oleg Grabar.

“A medida que Abd al-Malik consiguió reprimir los peligros de la intervención bizantina y las disensiones internas, este ocasional significado de la Cúpula de la Roca perdió importancia. Empezaron a aparecer cuestiones religiosas y asociaciones piadosas puramente islámicas que, con bastante rapidez, transformaron la Cúpula de la Roca y todo el área del Haram en el santuario totalmente musulmán que sigue siendo desde entonces”, concluye.

Oleg Grabar estima que el modelo arquitectónico que tuvo presente el califa fue, ante todo, el Santo Sepulcro, omphalos (Centro del Mundo) de la Cristiandad.

Por su parte, André Grabar (curiosamente comparte el mismo apellido que Oleg) en su libro “La iconoclastia bizantina” (1957) considera que el ejemplo arquitectónico del Domo de la Roca fue el “martyrium” de La Ascensión. Leámosle: “La mezquita de la Cúpula de la Roca se parecía sobre todo a la `memoria´ de la Ascensión: monumento constantiniano, santuario alzado en el mismo Jerusalén y también en la cima de una colina; también resguardaba un fragmento del suelo tan venerado como una reliquia, y era un octógono que constituía una especie de ciborio monumental”.

André Grabar no debía tener todos los datos suficientes sobre la historia de la evolución arquitectónica del “martyrium” de La Ascensión ya que la planta octogonal no la tuvo hasta la época de los cruzados (muy probablemente en la década de 1140, según se desprende de las excavaciones arqueológicas realizadas en 1959 y 1964). 

A la izquierda, la Anástasis del Santo Sepulcro, a la derecha, el núcleo central de La Roca

Ahora bien, ante todo de lo que hay que darse cuenta es que lo fundamental en los tres casos es una roca sagrada que se constituye en el punto central de la construcción que la custodia cual reliquia excelsa. Esa roca sacra, testigo de hierofanías-teofanías-epifanías, es protegida en primer lugar por una estructura que la circunda, y después yendo hacia fuera puede haber o no una o varias estructuras que la rodean en forma de círculo o polígono. Asimismo, la roca sacra objeto de cratofanías de gran importancia religiosa, se encuentra justo en el centro del Eje vertical que, alzándose hacia el cielo ascensionalmente, está arquitectónicamente plasmado por el óculo abierto del domo (cuando no está cerrado) o por la clave de bóveda. Evidentemente subyace un simbolismo esotérico extraordinario en esta conjugación de elementos arquitectónicos que autores como René Guénon o A.K. Coomaraswamy han sabido exponer sabiamente y del que ahora no podemos ocuparnos en este artículo. Lo que importa en estos momentos es constatar que estas características se dan en los tres edificios que son objeto de este artículo.
Y aunque André Grabar erró al asignar la forma octogonal a La Ascensión como contemporánea de la fecha constructiva del Domo de La Roca, no erró del todo en considerar que había sido el templo referente principal, aunque no supo ver el trasfondo doctrinal que, en nuestra opinión, así lo evidencia y que no es otro que “incompatibilidad total de dogmas doctrinales” entre lo que significaba el Santo Sepulcro para el cristianismo y lo que el Corán manifiesta al respecto.

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