​EL NUEVO ANTISEMITISMO

El destacado filósofo francés Bernard-Henri Lévy aseguró que los judíos de todo el mundo están siendo atacados por la doble amenaza de un antisemitismo disfrazado de antisionismo y una guerra total contra el Estado de Israel. “El desafío que tenemos que enfrentar”, afirmó Lévy “es la nueva forma del viejo antisemitismo, un nuevo sistema de legitimidad para expresar antisemitismo que gira en torno del odio a Israel y el antisionismo”, un fenómeno al que el intelectual judío calificó como “la nueva mutación del virus del antisemitismo”.

Antisemitismo políticamente correcto

En los últimos años ser antisemita se ha convertido en “políticamente incorrecto”. Es por ello que los antisemitas de antaño han decidido probar nuevas máscaras, hasta que encontraron la más adecuada a los tiempos que corren: la crítica injusta, desmedida y desproporcionada a Israel, que contiene un cuestionamiento subliminal de su derecho a existir.

Además, el nuevo antisemitismo es más difícil de poner en evidencia ya que se sirve de la fachada de valores que para la mayoría de los seres humanos de buena voluntad son incuestionables: los derechos humanos, la libertad y la solidaridad con las supuestas únicas víctimas.

En más de una ocasión hemos escuchado la pregunta: ¿Está sugiriendo Ud. que cualquier crítica a Israel es antisemitismo? En más de una oportunidad se ha acusado a los judíos de la Diáspora de utilizar la cuestión del antisemitismo como una forma de acallar la crítica legítima de Israel.

Sin embargo, también esta costumbre de “meter todo en la misma bolsa” carece de inocencia, y nos lleva a plantearnos la necesidad de distinguir claramente una cosa de otra.

De la crítica a la destrucción

El otrora disidente y activista por los derechos humanos en la Unión Soviética, “Prisionero de Sión”, y hoy en día presidente de la Agencia Judía Mundial, Natan Sharansky, planteó de una forma clara y abierta cómo se puede distinguir la crítica legítima a Israel del antisemitismo.

Para ello, Sharansky propuso lo que él mismo ha denominado “La Prueba de las 3D”:

“La primera “D” es la prueba de la demonización. Cuando el Estado judío está siendo demonizado, cuando las acciones de Israel son quitadas de toda proporción razonable, cuando se hacen comparaciones entre los israelíes y los nazis y entre los campos de refugiados palestinos y Auschwitz – esto es antisemitismo, no crítica legítima a Israel”, explica Sharansky.

“La segunda “D” es la prueba del doble rasero”. Para el dirigente, “Cuando la crítica de Israel se aplica selectivamente, cuando Israel se destaca en las Naciones Unidas por los abusos contra los derechos humanos, mientras que el comportamiento de los abusadores conocidos e importantes, como China, Irán, Cuba y Siria, se pasa por alto, eso es antisemitismo”.

Hoy en día, algunos años después de que Sharansky escribiera esta teoría, bien podemos incluir en esta categoría a quienes impulsan o se suman a iniciativas tales como supuestas flotillas por la paz y los derechos humanos, que pasan de largo y hacen oídos sordos a masacres como la de Siria – a modo de ejemplo – para concentrarse única y exclusivamente en los supuestos pecados del Estado de Israel.

La tercera “D” es la prueba de deslegitimación, que Natan Sharansky explica de la siguiente manera: “Cuando el derecho fundamental de Israel a existir es negado – el único entre todos los pueblos del mundo – esto también es anti-semitismo”.

¿Son todos los anti-israelíes antisemitas?

Hay quienes distinguen una categoría intermedia entre la crítica legítima y transparente y el anti-semitismo.

En su calidad de presidente de la Universidad de Harvard, Larry Summers rechazó presiones para boicotear cualquier institución o compañía que hiciera negocios con Israel. Summers se opuso fervientemente a la comparación de Israel – haciendo hincapié en que se trata de una democracia – con el Apartheid en Sudáfrica.

Pero, al mismo tiempo, preguntó: ¿Son todos los que apoyan el boicot a Israel antisemitas?

“Algunos seguramente no lo son”, explicó Summers. “Habrá quienes puedan estar motivados contra Israel por un idealismo distorsionado, por el sentimiento anti-colonialista o anti-estadounidense. Sin embargo, esas personas – mediante sus ataques selectivos y excesivos contra Israel – están ayudando a crear un clima en el que el antisemitismo es más aceptable”.

Esta distinción resulta importante y los antisemitas la conocen muy bien. Apunta a una manera de traer a aquellos que son atraídos en nombre de valores humanos, a quienes se quedaron sin agenda política, a desprevenidos o ignorantes a una situación en la que la crítica unilateral, excesiva, demonizante y destructiva hacia Israel transforma al antisemitismo en algo legítimo, casi necesario.

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