Todo está en los hombros de Azaria

En julio de 1988, un terrorista atacó a Yossi Hadassi, un soldado que había sido alistado solamente tres meses antes. Hadassi forcejeó con el terrorista y logró matarlo. Se le concedió una citación de mérito por el comandante del Cuerpo de Ingenieros.
Luego comenzó la caza de los medias, respaldado por la izquierda justiciera, quienes acusaron al soldado de asesinato. El 30 de mayo de 1989, Yossi Hadassi se suicidó.

Esa semana, el poeta Naomi Shemer publicó un mensaje en el Yedioth Ahronoth: “El soldado Yossi Hadassi mató a su atacante, y un año después se suicidó. No fue solamente Yossi Hadassi quien se suicidó, toda una nación se está suicidando. Un entero país se está defendiendo de sus investigadores, de la policía y de los poetas y artistas que le tachan de loco, de ser un lobo rapaz, un Goliat, un monstruo. La intifada es el preludio y la excusa para emprender la destrucción de Israel. Todos somos Yossi Hadassi”.

El destino de Hadassi me impresionó, al igual que el valor de Naomi Shemer. Ella publicó su mensaje después de una década en la que su trabajo ha sido atacado con saña porque era “de derechas”.

Me acordé de su artículo cuando comenzó el affaire Azaria. Hemos tirado todos los problemas de la sociedad israelí, el arraigado desacuerdo en el debate entre la izquierda y derecha y el conflicto de 100 años de edad entre nosotros y nuestros vecinos, sobre la encorvada espalda del joven soldado. El mecanismo del suicidio nacional camuflado con la moralidad.

No, no estoy argumentando que Azaria actuó acertadamente. No sé cómo yo habría actuado en su situación. Pero incluso si no creo que sea un héroe, me resulta claro que él no es ningún asesino, y lo he escrito. Desde luego, creo que no debería haber sido llevado a juicio, ya que el asunto debería haber terminado con una audiencia disciplinaria en su unidad. Y desde luego, no debería tener que soportar el peso de las relaciones exteriores de Israel, el código ético del IDF y las discusiones que lo han utilizado como una bestia de carga. El sargento Elor Azaria mató a un terrorista. La locura en torno a su caso tiene que ver con la locura maldita y la politización del discurso público.

Al igual que Hadassi, Azaria proviene de una familia humilde sobre la que ha caído la inflexibilidad, el deseo revanchista de justicia y la superioridad moral de algunos de nosotros que amenazan con aplastarla. Sin piedad se mostraron ante Hadassi, que descanse en paz, y ahora con Azaria, que ojalá tenga una larga vida. Pero a diferencia de la década de 1980, en estos tiempos sí hay medios de comunicación social que son capaces de ayudarle y apoyarlo. Esto supone un poco de consuelo. Por aquel entonces, no pude mostrar mi apoyo a Yossi Hadassi, pero hoy sí puedo expresar mi propia opinión de todo corazón: Estamos con Elor Azaria.

🅰 Autor: Dror Eydar

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