La Obsesión Anti-Israel de Francia 

La “iniciativa de paz”, lanzada anteriormente en París el 3 de junio de 2016, fue acompañada por una impresionante exhibición de fanfarria diplomática francesa, pero la declaración final no coincidió con las aspiraciones declaradas de sus creadores de formular parámetros para las cuestiones centrales del conflicto (fronteras,  los refugiados) y fijar un calendario rígido para la consecución de un acuerdo israelí-palestino.
Francia siguió comprometida con la iniciativa. Ha creado grupos de trabajo para discutir los temas centrales y ha ideado incentivos económicos para acercar a las partes a la mesa y, en última instancia, a un acuerdo. Realizó otra conferencia el 15 de enero de 2017, con cerca de setenta estados presentes.

París parece estar obsesionado con su papel diplomático como mediador en este conflicto. Igualmente, se fija en atenerse a lo que considera la única fórmula posible para la resolución: dos estados, que vivan uno al lado del otro en paz dentro de las fronteras de 1967. Esta fórmula permite ligeros intercambios territoriales y etiqueta a Jerusalén Este como la capital palestina.

Los franceses no son tímidos al alardear de su supuesto éxito en la promoción del apoyo diplomático internacional a la solución de dos Estados, alegando que su iniciativa de paz puede potencialmente reanudar el proceso de paz y contribuir a la seguridad de Israel, los palestinos e incluso toda la región.

La Autoridad Palestina, pero no Hamás, ha apoyado calurosamente la iniciativa. Esperaba que siga la línea establecida en la Resolución 2334 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y el discurso de diciembre de 2016 del Secretario de Estado estadounidense John Kerry, que condenó los asentamientos israelíes en Judea y Samaria. Israel se opuso a la iniciativa, alegando que el diálogo directo entre las dos partes en el conflicto, sin condiciones previas, es la única manera de llegar a un acuerdo. Jerusalén también sostiene que y sólo Israel debe ser encargado de asegurar su propia seguridad. Israel no confía en la iniciativa francesa.

El histórico sesgo pro-palestino de Francia

En un documento de nueve puntos que presenta su posición sobre el conflicto, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia (el Quai d’Orsay) subraya que “Francia es un amigo tanto de Israel como de Palestina”. Esta frase refleja la ambición francesa de desempeñar un papel influyente al servir como intermediario imparcial. Sin embargo, durante los casi cincuenta años que siguieron a la guerra de 1967, Francia ha demostrado una y otra vez su sesgo pro-palestino.

En 1967, por ejemplo, Francia ya había adoptado su propia versión – aunque incorrecta – de la Resolución CSNU 242. Esta resolución pide la retirada israelí “de territorios ocupados en el reciente conflicto”, y no de “los territorios”, tal como aparece en el traducción al francés de la resolución. Durante el debate que precedió a la aprobación de la resolución, se aclaró que el retiro solicitado no incluía a todos los territorios. Además, la retirada solicitada está vinculada a otra cláusula que pide el fin de la beligerancia y el reconocimiento de que cada estado en la zona tiene el “derecho a vivir en paz dentro de límites seguros y reconocidos libres de amenazas o actos de fuerza.”

Curiosamente, los palestinos no fueron mencionados en la resolución, que contiene una cláusula que pide una solución justa del problema de los refugiados, que incluye a los refugiados judíos que huyeron de los estados árabes.

A lo largo de los años siguientes y hasta el presente, París ha iniciado movimientos diplomáticos o ha votado a favor de los palestinos, a pesar de sus perpetuos actos de terror contra los israelíes y repetidos llamamientos a la destrucción de Israel.

A modo de ejemplo, en noviembre de 1974, dos años después de la masacre de 11 atletas israelíes en Munich, Francia votó a favor de reconocer a la OLP como observador en la ONU.

En marzo de 1982, el presidente francés François Mitterrand fue el primer líder extranjero en declarar durante su discurso en la Knéset en Jerusalén que los palestinos tenían derecho a una patria propia. Hizo hincapié en su amistad con Israel y su derecho a la seguridad, y ofreció los “buenos oficios” de Francia en la mediación entre Israel y los palestinos.

En octubre de 2000, poco después del lanzamiento de la guerra palestina de terror, el presidente Jacques Chirac alentó a Yasser Arafat a no firmar un acuerdo mediado por Estados Unidos para poner fin a la violencia e insistió en la Comisión internacional de investigación que se investiguen las reacciones de Israel a los actos de terrorismo palestinos. En los años subsiguientes, París dirigió sus críticas principalmente hacia las medidas defensivas de Israel en lugar de los ataques terroristas palestinos.

En 2010, Francia elevó el estatus diplomático de la delegación palestina en París a una misión diplomática encabezada por un embajador que presenta sus credenciales al presidente francés. Dos años más tarde, París votó en apoyo de la iniciativa palestina unilateral en la Asamblea General de la ONU para que la Autoridad Palestina sea reconocida como un observador estatal de la ONU. Esta medida contradice numerosas declaraciones sobre el apoyo francés al diálogo directo israelí-palestino en lugar de movimientos unilaterales.

En 2014, durante la guerra de verano entre Israel y Hamás en Gaza, París declaró que Israel tenía el derecho de defender a sus ciudadanos de los cohetes de Hamás, sólo para revertir su posición tras las violentas manifestaciones de los musulmanes franceses. Fabius llegó incluso a calificar las operaciones militares de Israel, destinadas a proteger a los ciudadanos israelíes de los ataques con cohetes masivos de Hamás, como una masacre y pidió la imposición de una solución internacional.

Fabius también propuso un plazo para el reinicio del diálogo israelí-palestino, al final del cual Francia reconocería unilateralmente un Estado palestino. Esto eliminó cualquier incentivo que los palestinos pudieran haber tenido para mantener un diálogo que requeriría concesiones, particularmente en el tema de los refugiados.

En octubre de 2015, en respuesta a una oleada de ataques terroristas palestinos contra ciudadanos israelíes, Fabius pidió el estacionamiento de inspectores internacionales en Jerusalén. Esto podría interpretarse como un apoyo a la falsa acusación palestina de que Israel aspira a conservar el control de la mezquita de al-Aqsa. Era una reminiscencia del llamado histórico francés (antes de la creación de Israel y algunos años después) de designar a Jerusalén como un “Corpus Seperatum” para ser colocado bajo administración internacional.

Además, en octubre de 2016, Francia votó a favor de una resolución de la UNESCO que niega el vínculo histórico entre Israel y Jerusalén. Después de numerosas protestas, el gobierno se disculpó y describió la votación como un error. Sin embargo, siguió persiguiendo su línea anti-israelí y votó a favor de una resolución escandalosa en la Organización Mundial de la Salud que señaló a Israel por presuntos abusos de los derechos de salud en Cisjordania, Gaza y los Altos del Golán.

Como se mencionó, en diciembre de 2016, París votó a favor de la resolución 2334 del Consejo de Seguridad, que condena los asentamientos israelíes en Judea y Samaria como ilegales según el derecho internacional, en contraste con las declaraciones francesas a favor de un acuerdo negociado entre Israel y los palestinos.

París explica su activismo diplomático por la creación de un Estado palestino motivado por la creciente inestabilidad en Oriente Medio, que, según la opinión popular francesa, es causada por el conflicto israelí-palestino. También sostiene que los problemas derivados de ese conflicto son importados posteriormente a Francia en forma de deterioro de las relaciones entre las comunidades musulmana y judía.

Ambas conclusiones son erróneas. La inestabilidad en el Medio Oriente es causada por complejos factores sociales, económicos, políticos, religiosos y étnicos que no tienen ninguna conexión con el conflicto israelí-palestino. Además, la violencia de los musulmanes contra los judíos franceses se dispara esencialmente el proceso de radicalización islámica, así como por problemas sociales y económicos. Es ese factor el que ha producido un creciente apoyo al Estado Islámico y, en última instancia, a los horribles ataques terroristas que se han llevado a cabo en Francia.

El apoyo francés a los palestinos se puede atribuir más exactamente a la importancia tradicional que París atribuye a sus relaciones con los mundos árabe y musulmán. Además, el activismo diplomático de Francia refleja ciertas consideraciones electorales internas.

El presidente Hollande, cuya popularidad ha disminuido abruptamente, ha anunciado que no participará en las próximas elecciones presidenciales. Es probable que antes de que deje el cargo en mayo de 2017, Hollande quiera presentar algún tipo de logro para contrastar con sus fracasos en la política interna y la falta de éxitos significativos en la política exterior. Además, en vista de la incertidumbre con respecto a la política futura del presidente electo estadounidense, el gobierno francés quiso aprovechar una oportunidad en los últimos días antes de que Obama dejara el cargo.

Al final del día, la iniciativa de paz francesa es contraproducente, ya que endurece la posición negociadora palestina. El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbás, declaró después de la conferencia de junio que la Autoridad Palestina exigía ahora la retirada total de Israel, incluida Jerusalén oriental. La iniciativa francesa también endurece la posición de los estados árabes con respecto a la solicitud de Israel de introducir cambios en la iniciativa saudí como una posible base para la resolución del conflicto.

La iniciativa francesa pone en peligro la seguridad de Israel. Ninguna fuerza o garantía internacionales pueden garantizar la seguridad de Israel, como se ha comprobado una y otra vez, y más recientemente en el caso de la FPNUL en el sur del Líbano. Pero la iniciativa también es peligrosa para la Autoridad Palestina, ya que Israel actúa como un amortiguador que mitiga la amenaza de su toma de posesión por Hamás. No menos importante, la iniciativa socava la propia lucha de Francia contra el terrorismo nacional e internacional, ya que transmite el mensaje de que la violencia y la incitación al terror son efectivas.

*Fuente: BESA Center

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